Mar del Olmo

NO SOY YO, ERES TÚ

no soy yo, eres tú

 

No soy yo quien te ha enseñado a no saber superar una caída. Me costó mucho cuando eras un bebé no tejer una burbuja protectora a tu alrededor para que nadie te lastimara. Una voz más sabia que la mía me susurró que te dejara tropezar, caer, levantarte y seguir. Pero tú, les has hecho creer que no pasa nada si fracasas, que todo seguirá igual. Que si suspende todas las asignaturas seguirá avanzando con sus amigos porque lo importante es la socialización a ciertas edades. No soy yo la que los dejará caer en la selva laboral, donde la escasez es la ley dominante. No mantendrá una mínima estabilidad quien conserve los amigos del jardín de infancia, sino quien esté mejor preparado y sea más permeable a la frustración. El más fuerte…

 

No soy yo quien ha eliminado asignaturas que alimentaban el pensamiento crítico. Quien limpia el camino de piedras hasta la mayoría de edad, donde se acumularán todas creando una barrera infranqueable para seres pusilánimes y flojos.

 

No soy yo quien te ha dado todos los derechos y ninguna obligación. Quien te ha puesto jerárquicamente a mi altura a pesar de tu ignorancia en materias vitales, porque aún no ha llegado tu tiempo y yo quiero que te lo tomes con calma, sin esas ansias por quemar etapas para lamentarlo cuando las alcances sin haber vivido.

 

No soy yo la que está equivocada en todos los planteamientos de mi vida, eres tú que juzgas sin conocer. Y sin que te haya pedido opinión. No soy yo la que debe cambiar si soy así por elección propia. Eres tú quien debe aprender a callar, a respetar, a no soltar juicios cargados de recomendaciones de manual. No estás en mi piel, no vives mi vida, no sientes como yo, no pretendas serlo.

 

No soy yo la que desea levantarse cada día de su vida sintiendo que debería dar las gracias a su empresa por darle un trabajo. Eres tú quien debes valorar si merezco estar donde estoy, tratarme con dignidad y no enredarme en un juego de mafiosos en el que el chantaje emocional es la tónica dominante para que siga tragando con lo que no es justo, con horarios inhumanos, con tratos indignos, con amenazas veladas.

 

No soy yo quien decidió no creerse válida para casi nada, la que vive pidiendo permiso o perdón. Eres tú el que nunca tuvo una palabra de ánimo, quien me cortó las alas por no querer seguir el camino establecido, quien limitó mi horizonte por el qué dirán.

 

No soy yo la que te ha convertido en una persona egocéntrica y egoísta. Eres tú el que te crees que todo lo que tienes lo mereces, aunque todo haya salido de mí, de mi esfuerzo, de mi sacrificio. Aunque siga penando por tu desdén y tú sigas creyendo que soy yo quien tiene la culpa de todo lo que te ocurre…

 

No soy yo la que te ha dicho que permanezcas sentado esperando que la oportunidad de tu vida llame a tu puerta. Eres tú que has elegido la opción cómoda creyendo que yo solucionaré el problema cuando se presente.

 

No soy yo la que ha decidido llevar el peso del mundo cargado dentro de mi mochila vital. Eres tú quien no ha querido compartir la carga y a veces, tampoco el viaje. No soy yo la que ha aprendido a pasos lentos y guiada, sino a base de golpes y desalientos. Eres tú el que has mirado para otro lado, el que has huido porque te superaba lo cotidiano.

 

No soy yo la que te ha fallado, eres tú la que has puesto demasiado altas tus expectativas.

 

No soy yo la que ha exacerbado su sensibilidad, eres tú el que has afilado tu lengua, dejando atrás los filtros sociales de cortesía y respeto a mis límites.

 

Pero sí soy yo la que habla alto y claro, la que no va a consentir ni una bravuconada más. Y si no te gusta lo que ves, gírate, cambia de sentido, diverjamos nuestros caminos. Yo seguiré unida a ti por un delgado hilo rojo que no deseo tensar, y cuando estemos listos, los dos, me guiaré por él para hallarte de nuevo.