El empotrador en la novela romántica actual

empotrador

Hay un nuevo género dentro de la novela romántica actual que parece haber venido para quedarse: las historias de empotradores.

No sé qué nos pasa a las mujeres últimamente. Especialmente, al conjunto de postmenopausicas de las que formo parte. Nos hemos vuelto adictas a la novela romántica actual, esa en la que se ha cambiado el lánguido e inocente flirteo por una fortísima tensión sexual no resuelta hasta el segundo tercio del libro.

Eso sí, cuando se resuelve, te deja sin respiración. El folleteo es un no parar. Mañanas, tardes y noches de una pasión eterna. Y no lo digo porque permanezca por los años venideros, sino porque esos hombres duran más que la batería de mi coche. 

Entra en escena el nuevo hombre, el empotrador, con la Black&Decker dispuesta todo el día.

¿Qué es un empotrador? 

Se le reconoce porque reacciona a determinados estímulos de una manera muy concreta. Las más importantes son: 

Una caricia: empalme.

Una mirada: empalme.

Un roce involuntario: empalme.

En ese estado de erección constante, no entiendo cómo nos tragamos eso de que luego los actos sexuales sean brutalmente apasionados, desesperadamente largos y tremendamente satisfactorios para ambos amantes. Mis cortas entendederas tienen la absurda creencia de que si de algo se abusa, cansa. Así que ver en constante estado de revista el miembro viril debe hastiar a la damisela en cuestión. Salvo en estas novelas.

Está tan extendido y normalizado el concepto de empotrador, que incluso he llegado a leerlo en alguna novela como parte de la descripción del macho alfa que se llevará a Bambi al huerto. Son rubios o morenos, altos y de manos poderosas, atléticos y empotradores. Todos.

Algún día, si consigo vencer la vergüenza de mis orígenes como lectora, os hablaré de las novelas románticas que yo leía en mi adolescencia. Esas en las que se dejaba todo a la imaginación, y que evidentemente, ni mencionaban el término sexo. No me hubieran dejado mis padres leer esas barbaridades. En aquellos días no es que hubiera PIN PARENTAL, es que todo era PIN PARENTAL.

No pretendo yo erigirme en crítica novelística titulada, pero he de reconocer que a mí tanto hombre tan bien dotado, me está haciendo mella. ¿Por qué no puede haber un gatillazo como Dios manda entre una pareja? Entonces sí que sería una novela romántica actual con todas las letras. Porque no hay mayor amor que el de saber perdonar que un hombre te falle cuando tú estás más salida que una yegua en celo. 

Porque, en esta nueva era de la novela romántica, ellas siempre están dispuestas a una sesión de sexo salvaje. No hay dolores de cabeza, ni menstruaciones, ni han tenido un mal día con la plancha…
 
el empotrador

 

¿Os habéis dado cuenta de que en las novelas de amor nadie tiene plancha pendiente?

Con razón, nuestra generación se montaba novelas románticas en la cabeza… Ni plancha, ni hacer la cama, ni potajes. Nos creímos que el amor era limpio, o por lo menos, tenía asistenta. Y luego nos dimos el batacazo padre, claro. Así que no puedo dejar de celebrar esta evolución del susodicho género literario.

Que nuestras hijas, sobrinas y ahijadas se lean todas las sagas y trilogías subidas de tono y se busquen un chulazo, un empotrador, un hombre de éxito que las ponga mirando a Cuenca y ellas los dejen a ellos pillados con Guadalajara.

¡Que todo quede en La Mancha!

Lo que sí es innegable, es que este tipo de lecturas venden, y venden mucho. Basta con echar un vistazo a los libros más vendidos cuando no es reciente el fallo del Premio Planeta. Entre los 25 títulos más vendidos siempre encontraremos alguno protagonizado por un maromo empotrador llenando de satisfacción las mesillas de noche de miles de mujeres.

No debería terminar esta entrada sin dejaros los tres últimos títulos que he leído sobre la materia y que me han tenido enganchada de principio a fin y producido algún sofoco de más sin relación con la menopausia, todo hay que decirlo.

Te dejo también el enlace a Amazon para que cotilles a tu antojo. Me gusta ponerte las cosas a tu alcance.

Novelas con protagonistas empotradores:

 

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El beso del Highlander, de Karen Marie Moning.

Mezcla de viajes en el tiempo y tensión sexual con un empotrador escocés del tamaño de un armario de tres cuerpos.

Tiene más revolcones que una temporada completa de Humor Amarillo. 

La protagonista a veces parece tonta, pero creo que se lo hace. Porque cuanto más ignorante parece, más bruto se pone el maromazo. 

El hombre en cuestión no sabe leer pero controla el Kama Sutra como si se tratara del mismísimo Vatsiaiana.

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Forastera, de Diana Gabaldón.

Supongo que la gran mayoría ya habréis adivinado que es la novela en la que se basa la popular serie de Netflix Outlander. Protagonizada por el empotrador entre los empotradores. El gran Jamie, el amor platónico de toda una generación de cuarentonas y otras de más edad entre las que me incluyo.

Otro escocés que hace maravillas con una mujer que, curiosamente, también viene del futuro. No sé quién se inspiró en quién, pero lo cierto es que la novela anterior guarda muchas similitudes de argumento con la de Diana Gabaldón, aunque me quedo con ésta.

A ver si abren las fronteras y me doy un garbeo por Escocia que veo que hay propensión a viajar al pasado y encontrarte hombres que te quiten las penas y el hipo. No porque no esté satisfecha con lo que tengo en casa, que no estoy para sobresaltos, es solo curiosidad histórica. Conste.

 

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Deseo Concedido, de Megan Maxwell.

También con protagonista escocés, mejor que bien dotado, que vuelve loca a una mujer que deja a la fierecilla domada de Shakespeare a la altura de una mala aprendiz. Tiene un carácter de mil demonios y debe tener raíces españolas porque es tozuda y terca como una mula. 

Aunque a veces conseguía sacarme de mis casillas porque era una criatura intensa, la novela la salvaba el macho de torso pétreo y proporciones de dios griego. 

Como muchas de las novelas de esta categoría de nueva romántica o new adult tiene secuelas, precuelas y un sinfín de cuelas hasta formar colección, así que la diversión está garantizada. 

Después de este trío de ases, no es de extrañar que luego las mujeres queramos comprobar con nuestros propios ojos si el mito del escocés es cierto y nos asomemos a sus kilt en busca de una prueba irrefutable. La culpa la tiene la nueva novela romántica o erótico-festiva. Vaya usted a saber.

Y tú, ¿has leído algún libro de este género que desees compartir con nosotras?

 

 

 

 

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