La increíble aventura de tener hijos adolescentes

hijos adolescentes

Cuando nace tu bebé, desprende un aroma a piel sin estrenar, depende de ti, sus manos que se aferran a tus dedos como al ancla más segura en medio de una tempestad… ¡todo son signos de felicidad absoluta!

Nada hace presagiar que ese idilio terminará. Y, en función de la lotería de la vida, el final puede ser trágico, dramático, cómico o feliz.

 

Bienvenidos a la aventura de los hijos adolescentes.

 

No es fácil definir la adolescencia, sobre todo en lo relativo al período exacto que comprende y a su evolución generacional: no es lo mismo la adolescencia que tuvieron tus padres que la que tienen tus hijos. Es más, me atrevería a decir que mis padres supieron lo que era la adolescencia conmigo y mis hermanos. Ellos no tuvieron tiempo de padecerla. Era una cuestión de supervivencia en tiempos de postguerra.

 

¿Qué es la adolescencia?

 

La adolescencia es ese período que se emplaza entre la pubertad, que marca el final de la infancia, y la edad adulta.

Como verás, la definición ya de por sí es vaga y genérica: no concretan CUÁNDO finaliza la infancia ni CUÁNDO empieza la edad adulta.

 

¿Es acaso la adolescencia un mero cambio físico?

 

No, aunque he pasado por pediatras que derivaban a mis fieras al médico de familia cuando les salía el vello púbico. Hay que estar ahí para ver cómo hurga el doctor en cuestión en la ropa interior de tu retoño mientras el interfecto te asesina con la mirada.

hijos adolescentes

 

Así de arbitraria es la edad maldita. 

 

Según alguna definición más profesional, concretamente de la OMS, que tan a la orden del día está ahora, existen tres etapas en la adolescencia:

  1. Temprana: de los 10 a los 13 años
  2. Media: entre los 14 y los 17
  3. Tardía: de los 18 a los 21 (o más)

Lo más doloroso de esta división es el “o más”. Porque estudios recientes han descubierto que hay mal llamados jóvenes de 30 años que siguen disfrutando de los privilegios de una adolescencia eterna.

Y cuando leo esto me entran ganas de morirme.

La adolescencia está llena de trampas. Algunas de ellas, mortales. Sobre todo, para los adultos que conviven con el interfecto o interfectos.

Las preguntas más frecuentes entre los padres acerca de sus hijos adolescentes suelen ser del tipo:

 

¿Por qué miente mi hijo adolescente?

¿Qué hacer si mi hijo adolescente se va de casa?

¿Cómo educar un adolescente conflictivo o rebelde?

 

No me he topado con ninguno que tuviera dudas sobre cuál era el mejor colegio para su adolescente modélico, ni que busque en Google cuál es la mejor recompensa para un adolescente que llega a casa a la hora estipulada. Esos padres son rara avis, casi más que los adolescentes que parieron.

Hay muchos tipos de adolescencia, en función de la que la lotería de la vida te quiera otorgar.

Te explico en detalle los que he ido recopilando a lo largo de mis años de observación y padecimiento:

Adolescente no adolescente: Es el tipo más atípico de este grupo, y también el menos numeroso, por lo que he analizado pocos especímenes.

Se trata de ese raro (por escaso) grupo de post púberes que llegados a la edad en la que sus cuerpos se transforman a pedazos, como caricaturas de pequeños Frankestein, no manifiestan ningún síntoma de adolescencia en ninguna de sus etapas, que, recordemos ,eran la temprana, media y tardía. Todo un catálogo donde poder elegir.

A pesar de los cambios propios de su etapa vital, continúan con sus vidas sin grandes dramas ni gestas. Si eran buenos estudiantes lo siguen siendo, si no lo eran, la petición de milagros eran por otra puerta.

Mantienen la disciplina del hogar sin discusiones relevantes, colaboran en las taras asignadas y, fundamental, no descuidan su higiene corporal. Continúan con la rutina marcada por sus padres, en su tierna infancia, de la ducha diaria. A no ser que estén conviviendo en el seno de una mala familia de intercambio en Irlanda y les prohíban el acceso al agua de la bañera hasta el domingo.

Se calcula que menos de un 5% de la población mundial adolescente pertenece a este elitista grupo.

 

Adolescente rebelde: Entre un 50 y un 60% de los adolescentes se podrían catalogar dentro de esta categoría.

En este caso, no deberías tomar el término rebelde como algo muy peyorativo. Ten en cuenta que rebelarse contra lo establecido en la infancia es un signo habitual de la adolescencia, una manera de romper con lo anterior para formarse como los adultos que serán (por favor, ¡que lo sean algún día!).

Suelen avergonzarse de ti cuando te encuentran por la calle y van con sus amigos, su rebaño. Si no quieres tener una escena de culebrón en casa a la hora de cenar, es mejor que no lo saludes o no te sorprendas si se cambia de acera, escondiendo la cara en el esternón.

Es bastante habitual que un adolescente rebelde sufra algún bache en el ámbito de los estudios. Sobre, todo si se enamora y es correspondido o si se enamora y no es correspondido. El amor durante la adolescencia es uno de los grandes problemas a los que te enfrentas como padre. Los sentimientos son tan bestias y desproporcionados que tienes que luchar contra tus ganas de reír y tratar de ponerte en su situación.

 

¿Acaso no recuerdas cuando tú tenías su edad, llevabas unas gafas espantosas, eras más sosa que un pan sin sal y te pasabas el día llorando porque nadie te quería?

 

Sí, hablo de mí, pero ya me tocaba…

En esta etapa, debes hacer frente a múltiples negaciones por parte de tu adolescente. Negará cualquier cosa que le digas, incluso la hora del reloj de la Puerta del Sol.

Necesita separarse de sus padres a costa de lo que haga falta, y si eso pasa por negar la mayor, lo hará. Paciencia. Y no le pidas que si no te cree lo busque en Google. Esta generación de nativos digitales utiliza el móvil para relacionarse con sus iguales sin tener que mirarlos a la cara, pero jamás querrán ser conscientes de la parte útil y práctica que tiene.

 

hijos adolescentes

 

Normalmente, la rebeldía desaparece con la evolución de la (enferm)edad. Si eres capaz de no perder los papeles y ponerte a la altura de tu adolescente, será más pronto que tarde.

Por último, tenemos al adolescente conflictivo. Cuando se traspasa la delgada línea que separa la rebeldía de la revolución.

Lo más común entre los progenitores de estos sujetos es que achaquen su comportamiento a las malas compañías. En estos momentos, padres e hijos se igualan en la negación de la responsabilidad de sus acciones.

Este grupo no es para tomarlo a risa, así que no voy a ahondar en ello porque no soy quién.

Si te consuela, yo escribí, desesperada y desbordada por una situación puntual, a “Hermano Mayor” para que me ayudaran con uno de mis adolescentes.

Debo decir que nunca obtuve respuesta. Tal vez porque no era grave el caso, sino más bien una madre desbordada por la falta de empatía, paciencia y tiempo.

Aún sigo conviviendo con dos adolescentes, ambos en la etapa tardía. Y, mucho me temo, que me queda para rato. No solo de convivencia, sino de adolescencia también.

Porque cuando ves la luz al final del túnel y te convences de que por fin se ha terminado, hay un paso atrás que sitúa al adolescente en la casilla de salida. Es un pequeño calvario de tres pasos hacia delante, uno hacia atrás.

 

Tómatelo como una carrera de fondo.

 

No preguntes a tus conocidas sobre sus hijos porque, si sales perdiendo en la comparación, corres el riesgo de hundirte un poco más.

No tires la toalla.

 

La buena noticia es que la adolescencia tiene cura: el paso de los años.

 

Rodéate de madres de hijos adultos que vean tus situaciones con la perspectiva adecuada. Ellas son la mejor tirita pa tu corazón partío.

Si tú también tienes un hijo adolescente, cuéntame cómo es tu vida con él. O, tal vez, el hijo de una amiga de tu amiga se enmarca en alguno de estos grupos y quieres compartir alguna anécdota con este grupo.

Soy toda ojos y teclas para ti. Te espero.

 

 

  

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